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Diagnóstico

El problema casi nunca es el que piden resolver

Pedir más ventas o más marketing ataca el síntoma. La causa casi siempre vive en otra parte de la empresa, y cuesta verla desde adentro.

Casi todas las conversaciones empiezan igual: "necesitamos más ventas" o "necesitamos mejorar el marketing". Es el síntoma que más se nota desde adentro, así que es el que se pide resolver primero. Casi nunca es la causa.

La diferencia entre el síntoma y la causa

El síntoma es lo que duele hoy: pocas ventas, poco tráfico, poca conversión. La causa es la razón de fondo por la que eso está pasando, y casi siempre vive en otra parte de la empresa: en la propuesta de valor, en a quién le están vendiendo, en cómo está armada la operación detrás. Resolver el síntoma sin tocar la causa da un alivio corto, y el mismo problema vuelve con otro nombre unos meses después.

Señales de que se está por resolver el síntoma equivocado:

  • La solución pedida es la misma que ya se intentó antes, con otro proveedor, y no funcionó
  • Nadie en la empresa se pregunta por qué el problema apareció justo ahora
  • El diagnóstico se basa en lo que se siente, no en lo que dicen los datos que la empresa ya tiene
  • La solución propuesta suma trabajo (otro canal, otra campaña) en vez de sacar algo del camino

Por qué pasa

Porque desde adentro de la empresa es difícil distinguir el síntoma de la causa: los dos duelen igual, y el síntoma es el que se ve todos los días. Ver la causa casi siempre requiere una mirada de afuera, sin el costo emocional de haber tomado las decisiones que llevaron hasta ahí.

Antes de pedir la solución obvia

  • ¿Este problema es nuevo, o es una versión repetida de algo que ya pasó antes?
  • ¿La solución que se está por pedir ataca el síntoma o la causa?
  • ¿Qué datos existen hoy, sin encargar ningún estudio nuevo, que podrían confirmar o descartar la primera sospecha?

Ninguna se responde contratando la solución más pedida por el equipo. Se responde mirando la operación completa antes de decidir qué arreglar primero.

Si estas preguntas te dejaron pensando, conversemos. Media hora suele bastar para saber si el problema es el que parece, o es otro.

¿Lo conversamos?

Media hora basta para saber por dónde partir.